El primer supermercado de descuento duro de Canarias abre por fin en Lanzarote.

El LIDL ABRE EN LANZAROTE

Cientos de personas haciendo cola, el tráfico de la zona colapsado, un operativo policial que apenas da abasto. Las expectativas generadas por el primer supermercado de descuento duro en la isla con más paro de Canarias obliga a la competencia a ponerse las pilas. Por Fernando Marcet Manrique.
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“No hace falta”. “Si no vienen es porque no les interesa, no porque nadie se lo impida”. “Lanzarote es una isla pequeña y no hay demanda suficiente para un establecimiento de este tipo”. “Si los supermercados son más caros aquí es por la doble insularidad y el coste del transporte”. Argumentos como estos tuve que rebatirlos innumerables veces por esos foros de dios durante el último par de años.

Un supermercado de descuento duro ha abierto, después de más de un lustro intentándolo. Han sido cinco años de batallas contra un Gobierno de Canarias excesivamente proteccionista respecto a los superdino de turno, pero muy poco sensible respecto a una población con recursos económicos cada vez más precarios, entre otras cosas por su pésima gestión pública a lo largo de las últimas décadas.

Ahora no faltará quien diga, ya lo he leído y escuchado por ahí, que estos harán como todos, que pondrán precios baratos las primeras semanas y luego arrequintarán para arriba cuando se hayan llevado a la competencia por delante. Algunos hablan desde la desconfianza natural tras tantos años siendo engañados y estafados por los de siempre, pero a otros les mueven motivos menos confesables. En cualquier caso, mantener tal teoría es desconocer la naturaleza y filosofía de este tipo de establecimientos de descuento duro. De hecho, cuando el Gobierno quiso que abrieran bajo la condición de que sus precios fueran similares a los de la competencia, los responsables del LIDL se negaron en redondo. Eso habría sido como exigir al Mc Donald que en vez de hamburguesas vendiera electrodomésticos.

Luego están quienes mantienen que se pueden permitir tales precios porque explotan a sus trabajadores. Y uno, que sabe de lo que habla, se siente obligado a decir que ya quisieran las cajeras del Hiperdino gozar de los contratos que tienen las del LIDL. No es que sean una gran cosa, pero la comparación les permite salir ganando con creces. Además, dichos contratos son respetados a rajatabla. Vamos, que si en el contrato te dice que se trabajan 40 horas se trabajan 40 horas, y no 48. Estos empresarios europeos, que son gente rara.

En cualquier caso, para mí lo mejor de esta apertura no es el LIDL en sí. Auguro que el servicio y los precios del resto de supermercados de la isla van a mejorar sustancialmente, y por ahí es por donde vamos a salir ganando todos. Seguro que los jerifaltes del dinosaurio y los marciales intentarán llegar a un pacto de no agresión con los del LIDL, pero esta gente no funciona así. Son individuos ajenos a la idiosincrasia empresarial que se estila por aquí, esa que da prioridad a los contactos y a los amigos (relaciones personales, lo llaman ellos), antes que a la eficacia y competitividad de sus productos y servicios.

En cuanto a la apertura, creo que las fotos hablan por sí solas. El mero hecho de que miles de personas, entre las que predominaban hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 30 y los 40, puedan permitirse estar horas aguardando una cola la mañana de un día laboral es bastante significativo. El paro está haciendo estragos en la isla, y en ese sentido el LIDL ha llegado en el momento justo. Sin embargo hará falta bastante más que un supermercado de descuento duro para sacarnos del atolladero en el que nos encontramos. Aunque me alegre esta apertura, la foto no es feliz. Gente apelotonada para poder comprar comida a precios asequibles no puede ser nunca una buena noticia. Porque significa que el sistema no funciona, que muchas cosas se están haciendo mal. En cualquier caso, voy a quedarme, para concluir, con lo positivo del dato. El LIDL ha abierto al fin; los caciques lugareños pierden, el resto ganamos. Que se vayan haciendo a la idea, porque muchas más derrotas van a sufrir.