Denuncia discriminación por parte de AENA: “Desde que vieron que estaba embarazada empezaron las pegas”

Tibiabín recibió ilusionada una llamada del aeropuerto de Lanzarote para un puesto al que aspiraba desde 2006. Le extrañó que el responsable de Recursos Humanos cuestionase sus capacidades laborales. La decepción llegó cuando le entregaron un documento que la excluía del trabajo por su "aptitud psicofísica". La única razón posible: estar embarazada.
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Tomás J. López, Arrecife de Lanzarote

El largo camino hacia la igualdad y la no discriminación daba el pasado 27 de mayo un nuevo paso hacia delante con la aprobación en el Consejo de Ministros de la Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación.

Casi al mismo tiempo, un organismo público, dependiente de uno de los ministros sentados a esa mesa, AENA – Ministerio de Fomento, emitía en Lanzarote un documento mediante el cual se informaba a Tibiabín H. de que no podría acceder a un contrato de formación de un mes como Técnico de Operaciones en el área de movimiento -encargada de la señalización en pista- debido a su falta de aptitud psicofísica. Previamente Tibiabín no pasó prueba física ni psíquica alguna, más allá del reconocimiento médico de la Mutua, donde le comentaron que no había ningún problema. Solo sus 29 semanas de embarazo podrían explicar un veredicto que la alejaba de un puesto de trabajo al que aspiraba desde el año 2006.

Fue el pasado 18 de mayo cuando Tibiabín recibió una llamada del jefe de Recursos Humanos de AENA en Lanzarote para ofrecerle un contrato de formación de un mes como técnico de operaciones, ya que estaba previsto que el aeropuerto precisase de ese tipo de personal en un futuro cercano. Con enorme ilusión recibió la noticia, que le venía “como anillo al dedo”: en ese momento se encontraba en paro y tenía posibilidades de formarse para trabajar en un puesto a cuya convocatoria de empleo se había presentado y aprobado en 2006. Se le ofrecía un curso de formación teórico-práctico de un mes, que discurriría entre Alicante -dos semanas de teoría- y Lanzarote -otras dos de práctica-, ante lo cual no dudó en mostrar su disponibilidad. [quote]

Al día siguiente a las 11.30 de la mañana Tibiabín estaba ya en el aeropuerto de Guacimeta-Lanzarote con la documentación requerida. Pero fue entonces, al ver su estado de gestación, cuando el Jefe de Recursos Humanos de AENA en la isla comenzó a ponerle pegas: “No sabía que estabas embarazada”, “lo digo por tu niño”, “¿y qué pasa si te formamos y luego al llamarte estás de baja maternal?”. Sorprendida pero segura, Tibiabín respondió que en tal caso sería ella quien decidiría si pedía el alta voluntaria para incorporarse al trabajo. Y sentenció: “yo quiero trabajar“.

Las dudas del responsable de Recursos Humanos continuaron a pesar del convencimiento de la aspirante al puesto, preguntándose si le darían el certificado médico necesario para viajar hasta Alicante -documento que finalmente consiguió- o si era recomendable que una embarazada estuviese en la pista de un aeropuerto. Sobre lo último explica Tibiabín que “en ningún momento recibí información alguna sobre si era perjudicial para mí o para el bebé hacer ese curso teórico-práctico. El propio jefe de Recursos Humanos realizó en ese primer encuentro llamadas para que alguien le informara de si una embarazada podía estar en la plataforma, pero no obtuvo respuesta”.

El siguiente paso fue el reconocimiento médico en una Mutua: analíticas, preguntas sobre hábitos, revisión de la vista, prueba de coordinación, peso y electrocardiograma. Tibiabín preguntó intencionadamente en el centro médico si habría algún problema por estar embarazada a lo que, asegura, le respondieron que “por su parte no había ningún problema, que el reconocimiento había ido bien y que ahora la Mutua enviaría el resultado al Departamento de Medicina Laboral de AENA para que ellos decidieran”.

El 31 de mayo recibe una llamada desde Recursos Humanos de Aena en Lanzarote, en la que le informan de que ha recibido un “no apto temporal” y que cuando quiera puede pasar a recoger el justificante. Al día siguiente acude a recibir el documento, en el que se explicita que “en la actualidad desde el punto de vista de la aptitud psicofísica, se ha considerado la siguiente clasificación: No apta para la ocupación de IC15 –Técnico de Operaciones en el Área de Movimiento”. Con una apostilla que para Tibiabín resulta muy clarificadora: “Situación especial temporal”.

Desde entonces nadie le ha aclarado cuál es el motivo real de ese veredicto, ya que, afirma: “mi aptitud psicofísica no fue evaluada en ningún momento”. Las dudas que pudiesen existir sobre la causa efectiva del rechazo considera Tibiabín que se despejan con la coletilla “situación especial temporal”. Nadie le ha explicado tampoco qué consecuencias tendrá este dictamen en el futuro, si tendrá posibilidades a optar en breve a esa plaza por la que lleva esperando desde 2006 y a cuya oferta respondió ilusionada. “No me queda duda de que me rechazan por estar embarazada”, afirma.

No tolerar la discriminación

Joven y un punto idealista, Tibiabín ha vivido entre la rabia, la desilusión y la incredulidad esta desagradable situación. No termina de creerse que aun hoy un ente público pueda discriminar a una mujer por estar embarazada. “El Gobierno aprueba una ley para que en ningún lado, incluso en el ámbito privado, haya discriminación, pero al mismo tiempo nos encontramos con situaciones como esta”.

Pudo haberlo dejado pasar, confiesa, pero la indignación ha podido en ella más que la decepción. Y de este modo ha localizado por su cuenta la Ley Orgánica sobre Igualdad efectiva entre hombres y mujeres en la que se explicita, en el artículo 8, que “Constituye discriminación directa por razón de sexo todo trato desfavorable a las mujeres relacionado con el embarazo o la maternidad”. También ha agarrado el convenio colectivo de AENA, en cuyo artículo 35 deja claro que “En ningún caso tendrán consideración disminuida las situaciones derivadas de riesgo de embarazo y lactancia”.

Tibiabín está convencida de que a estas alturas todas esas normas y convenciones no deben seguir siendo papel mojado. El Instituto de la Mujer ya ha contestado a su queja informándole de que existe jurisprudencia que podría abalar ante los tribunales su demanda.

Con la información que ella mismo ha buscado se plantea ahora iniciar acciones legales, con un convencimiento que le surge de adentro y que le impide “dejarlo pasar”: “No podemos permitir que el trato de la mujer esté en manos de empresarios a los que no les interesan las mujeres embarazadas. Tienen que haber mujeres embarazadas para que la sociedad avance, trabajando por ellas, por los suyos y por todos”.