Los defensores del petróleo

Puedo entender las razones de quienes se lo están llevando crudo. El periodista al que han contratado un paquete publicitario importante, el político que ha sido untado… me puede parecer éticamente cuestionable, pero lo entiendo. Ellos tienen sus razones para defender el petróleo. Razones que me dan un poco de asco, pero razones. Incluso puedo […]
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Puedo entender las razones de quienes se lo están llevando crudo. El periodista al que han contratado un paquete publicitario importante, el político que ha sido untado… me puede parecer éticamente cuestionable, pero lo entiendo. Ellos tienen sus razones para defender el petróleo. Razones que me dan un poco de asco, pero razones.

Incluso puedo entender al militante del PP. Al fin y al cabo forma parte de un partido chapado a la antigua, con un señor que manda y que si dice “a comer petróleo” pues todos a comer petróleo con cucharón.

¿Pero qué pasa con todos los demás? ¿De verdad son tan altruistas y desprendidos que son capaces de poner en riesgo su isla, su medio de vida, su hábitat, su futuro… a cambio de absolutamente nada? ¿A cambio de explotar unos recursos que irán a cualquier lado y cuyos beneficios se repartirán unos pocos? ¿Por qué lo hacen? ¿Por patriotismo español? ¿Por amor a la humanidad?

Es curioso, a lo mejor estoy muy equivocado en mi apreciación, pero yo diría que el perfil medio del defensor del petróleo no se corresponde precisamente con lo que vendría a ser un filántropo de libro. Más bien son personas de esas que se autodenominan “liberales”. O sea a favor del libre mercado, la libre competencia y demás… vamos, que cada uno se saque las castañas del fuego y quien lo rompa que lo pague. Entonces… ¿por qué defienden algo que a ellos no les va a reportar más que perjuicio? Saben de sobra, porque ingenuos no son, cómo funcionan las cosas en el mundo de las grandes corporaciones. Escrúpulos los mínimos, comprar voluntades políticas (Soria les debió salir a precio de saldo), y usar medios de comunicación locales para vender entre la población inversiones ficticias y riesgos nulos. Luego, si ocurre el desastre, para eso tienen más abogados que asesores el Gobierno de Canarias… una multita que cobrarán los encorbatados de turno y el resto a chupar piche por el resto de nuestros días, con el turismo yéndose a Cancún  a toda prisa.

Entonces, vuelvo a preguntarme, ¿de qué van los defensores del petróleo? ¿Se trata de ir en contra de cualquier lucha que suene o parezca ecologista? ¿Es eso? ¿A los hippies ni agua? ¿Es porque el PSOE y CC están en contra y yo tengo que estar a favor de todo lo que rechacen PSOE o CC? ¿Va de eso? ¿De equipitos?

No lo sé… pero creo que está en las manos del resto de nosotros, que afortunadamente somos mayoría, intentar convencer a esta gente de que con el petróleo no nos viene nada bueno para nosotros ni para nuestra isla. Que el riesgo es enorme, que cualquier derrame importante nos dejaría en una situación insostenible; que la profundidad y el sistema que se pretende emplear para extraer ese petróleo es prácticamente experimental y que si ocurriera algo similar a lo que ocurrió en el Golfo de México ya nos podemos ir olvidando de nuestras playas, de nuestra pesca y, sobre todo, de nuestra agua potable procedente del mar al menos durante los próximos 20 años. Algo así supondría el exilio inevitable para decenas de miles de lanzaroteños. Si eso ocurre los políticos y periodistas comprados no tendrán problema alguno, con su dinero podrán empezar de cero en cualquier otro sitio. Repsol tampoco tendría mayores inconvenientes, hay muchas más islas en el mar, y lo mismo que se compra un político se compra un juez. Pero la Lanzarote que conocemos desaparecería, cambiando de arriba a abajo,  igual que cambió cuando los volcanes decidieron expulsar su lava en el siglo XVIII. Solo que en este caso no habría ningún César Manrique capaz de obrar el milagro de convertir el piche en Centro Turístico.

Fernando Marcet Manrique