Malos tiempos para los talleres en los barrios de Arrecife

‘Teleclub’ no rima con cultura

Teleclub es el nombre con el que se conoce en Lanzarote a los centros socio-culturales de barrios y pueblos. Son foco de ocio y “cultura de base” a través de talleres y cursos. Sin embargo, en Arrecife, los impagos a los monitores de estas actividades han sido habituales en los últimos meses. En algunos casos, como en Titerroy, no les ha quedado más remedio que parar.
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Tomás J. López, Arrecife de Lanzarote

Pero no es la primera vez que los monitores que realizan actividades en los centros socioculturales de la capital de la isla se han planteado cesar los cursos que imparten por la falta de pago del ayuntamiento.

A finales del mes de enero se levantó cierta polémica ante la deuda que la concejalía de cultura mantenía con el Teatro Estudio de Arrecife (TEA), proyecto que ofrece clases de interpretación a más de 110 alumnos, y que también tiene como sede un ‘teleclub’, en este caso el de Altavista, donde se encuentran las instalaciones del TEA y se ha montado la sala de teatro alternativo Librada.

En aquella ocasión, el concejal del área, Lorenzo Lamaur, se excusó explicando que no era el TEA el único a quien se le adeudaba, sino que había al menos 15 monitores, además de trabajadores de ludotecas y otras empresas, que tampoco estaban al corriente en cuanto a pagos.

Efectivamente, las críticas por la inestabilidad presupuestaria para estas actividades en los barrios de Arrecife se reparten entre monitores y usuarios de infinidad de talleres, como manualidades, folclore, costura, danza o teatro, en centros socio culturales como los de Altavista o San Francisco Javier.

En el día de ayer, la asociación de vecinos de Titerroy anunciaba que el monitor que imparte clases de manualidades en el Casa de la Cultura del barrio había decidido dejar de ofrecerlas ya que se le adeuda la cantidad convenida por el ayuntamiento desde principios de año. El taller de folclore, vigente en el barrio desde hace 11 años también se plantea echar el cierre a partir de la semana que viene.

El taller de manualidades de Titerroy daba vida

Muchos podrían pensar que es un mero pasatiempo, pero las manualidades daban vida a una decena de mujeres de Titerroy, según pudimos comprobar en una visita realizada al “teleclub” hace unos meses.

María de los Ángeles andaba entusiasmada entonces elaborando cestos a base de papel reciclado y África, alegadora como ella sola, de unos 70 años, pintaba jarrones con motivos isleños: una palmera, una tunera o una pareja vestida de típica. [quote]

A algunas de ellas les cuesta comparar las pinturas con unas pensiones tan mermadas y los precios a los que llegan los materiales artísticos, pero el buen rato de compañerismo y creatividad les merecá la pena. “A mí me ha quitado hasta la depresión”, nos contaba María de Los Ángeles en aquella visita, cuando por primera vez se comenzó a plantear la posibilidad de que las actividades fuesen canceladas.

Otra usuaria aprovechaba cualquier ratito, incluso fuera del horario del taller, para meterse en la Casa de la Cultura y rematar “las tareas”. Se mostraba contenta con la nueva “vena artística” que ya de mayor ha descubierto en la pintura y las manualidades: “Quién me lo iba a decir a mí, en mis tiempos no había de esto, no se conocía ni tiempo tampoco teníamos”.  Y se atrevía con más: “ahí detrás tienen esos ordenadores que compraron, siempre apagados; yo sería la primera en ponerme a aprender informática, claro que sí”.

No era un taller cualquiera: era espíritu y vitalidad renovada. Los jarrones y los cestos eran el mejor regalo para una hija o para un nieto, el más económico pero el más sentido. La creatividad, el descubrirse capaces de hacer algo que no se habían planteado, les daba vida. La horita y media de actividad sabía a poco. Se respiraba compañerismo: cuando a una le faltaba el color rojo la otra se lo cambiaba por un fisco del de negro.

Ahora, con la cancelación, esperan a mejores tiempos. Y a que los dineros se redirijan a la cultura verdadera, que no es la del gran espectáculo de cantantes de caché ni los costosos voladores, sino la que descubre en cualquier mujer de barrio a una artista en potencia.