Más triste es "de robar"

Una ayudita

Un ejercicio de victimismo, o un mero artículo explicativo, que cada cual lo interprete como guste
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Pues sí, nos hemos propuesto ser los gorrillas internáuticos de Lanzarote. Qué le vamos a hacer, ya se sabe que más triste es “de robar”. Eso sí, la ventaja con nosotros, respecto a los simpáticos aparcacoches que abundan en Arrecife, es que para ignorarnos basta con no entrar en nuestra web. Vamos, que no nos van a tener delante del ordenador cada vez que lo arrancan pidiéndoles la voluntad-ahí-que-es-para-comer. Ni les vamos a atosigar para que aparquen en una página u otra, ni haremos de oficiosos reguladores del tráfico virtual.

Les molestaremos cuando entren en nuestra web, nada más. Y si ignoran todas y cada uno de nuestras peticiones ni siquiera les miraremos mal, porque de todos modos no nos vamos a enterar. Aun así, consideramos que haber llenado la web de botoncitos para donar y banners sobre el tema puede ser una molestia e incluso, porqué no decirlo, un auténtico coñazo para nuestros ocasionales visitantes. De ahí que hayamos querido dedicar nuestra primera editorial de esta nueva época a tratar de justificar un poco el asunto. Sin victimismos (aunque cada cual es libre de hacer la lectura que considere), sino a mero título explicativo.

La cosa es la siguiente. Y es que hacer una web como la que tienen entre manos ahora mismo requiere una inversión en horas considerable. No es una queja ni una reivindicación, nadie nos manda hacerla, eso está claro, pero lo de las horas no deja de ser cierto. Si fuéramos chavales con mucho tiempo libre o gente pudiente capaz de quitar horas al trabajo remunerado para dedicarlo al voluntario no habría ningún problema. Esto nos gusta hacerlo y lo haríamos gratis, sin ninguna duda. Es un lujo y un privilegio contar con un espacio propio que algunas personas tienen a bien consultar de cuando en cuando para compartir con nosotros particulares puntos de vista sobre la actualidad conejera. Pero no nos es posible conservar este hobby como tal. De ahí los frecuentes parones en nuestra actividad, que por muy poco no acabaron con la idea de lanzarotelandia para siempre.

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La idea original, cuando iniciamos este proyecto, era intentar funcionar con publicidad convencional, como todos los medios de comunicación de Lanzarote. Pero bien pronto nos dimos cuenta de que nuestro formato no es para nada compatible con tales negocios. Si queríamos eso, lanzarotelandia habría necesitado ser otra cosa. En Lanzarote los negocios pequeños no se publicitan, y los grandes tienen casi todos los mismos dueños. Unos dueños con patas largas y muy numerosas, metidas cada una en un sitio distinto. Cuando uno de estos modernos artistócratas empresariales te contrata publicidad, da por entendido que compra también tu simpatía en cuanto medio de comunicación. ¿Cómo casa eso con una web que pretende denunciar y enjuiciar, entre otras cosas, la labor de estos señores? No casa, simplemente.

Así que después de no pocos amagos de abandono y algunas casualidades que nos devolvieron al mismo sitio en que estábamos, decidimos por fin retomar la web escogiendo esta vez la vía de las donaciones, que tampoco es que ofrezca perspectivas demasiado halagüeñas, pero sirve para darnos otra oportunidad y una nueva excusa para continuar.

Los comentarios entre aquellos a quienes les resumimos la idea no dejan lugar a la menor duda: “La gente en Lanzarote sólo va a lo suyo y nadie da nada por nada”; “la gente en Lanzarote es muy envidiosa y aunque sólo sea para ver cómo te hundes en el fango no va a ayudarte”

Es curioso, porque lo que rezuma en estos comentarios es un asco hacia nosotros mismos en cuanto colectivo que resulta abrumador. Tenemos una visión de la gente que nos rodea tremenda, demoledora. Una visión que, además, no se ajusta para nada a la realidad. Ahí tenemos ejemplos como la reacción que suscitó el desastre de Haití. ¿No demostramos con nuestras donaciones y nuestro apoyo a distintas iniciativas que sí somos capaces de actuar desprendidamente cuando consideramos que una causa es verdaderamente justa? Claro que sí, el problema en Lanzarote es precisamente saber distinguir cuándo una causa es justa y cuándo no. Y aquí los medios de comunicación tienen mucho que decir.

¿Era la defensa de la casa de los Medina una causa justa, sí o no? Pues según quién te lo cuente. ¿Supone la condena a Cuadernos del Sureste una causa justa que apoyar, sí o no? Pues según quién te lo diga. ¿Es apoyar a un medio como Lanzarotelandia una causa justa o no? Pues algunos les dirán que ni hablar y otros que a lo mejor, dependiendo de la información “confidencial” que manejen unos u otros.

En definitiva, es fácil ser solidario cuando la causa es evidentemente justa, como Haití, pero cuando determinados empresarios se dedican, desde sus medios de comunicación, a sembrar la duda y el desconcierto entre la población respecto a aquellos asuntos que les conciernen (y por las numerosas patas que hablábamos estos asuntos son muchísimos), el resultado no puede ser otro que el que ellos buscan; es decir, que la gente sea absolutamente incapaz de distinguir la injusticia y, por consiguiente, de vertebrar respuesta alguna contra ella.

En lo que a nosotros respecta, intentaremos con nuestro trabajo demostrar que la nuestra sí es una causa justa, que contar en Lanzarote con otro medio de comunicación no dependiente de empresarios o partidos políticos es un objetivo por el que vale la pena hacer un pequeño esfuerzo. Lo conseguiremos o no, pero que no se diga que no pusimos toda la carne en el asador.