Parasitosis Tremens

Lanzarotelandia.com Pocos días después de enterarnos de que la provincia de Las Palmas es la cuarta más cara de España (ver datos del segundo trimestre del observatorio de precios), el Instituto Canario de Estadística nos dice que Lanzarote es la segunda isla más cara del archipiélago, después de La Gomera.
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Pocos días después de enterarnos de que la provincia de Las Palmas es la cuarta más cara de España (ver datos del segundo trimestre del observatorio de precios), el Instituto Canario de Estadística nos dice que Lanzarote es la segunda isla más cara del archipiélago, después de La Gomera. Lejos quedan las manifestaciones y las promesas de los políticos. Al final, como casi siempre, los de siempre se salieron con la suya y consiguieron prolongar el oligopolio hasta la fecha, sin que nadie haya movido un dedo para revertir la situación. El resultado, el que todos en Lanzarote sabemos y padecemos. Ínfimas calidades a precios de escándalo.

Y esto pasa en la isla con la tasa de paro más alta del archipiélago, con un montón de familias sin un mal sueldo que echar a la cuenta bancaria y con las prestaciones o subsidios ya finiquitados o en las últimas.

Pero no pasa nada, que no cunda el pánico, ahí fuera están velando por nosotros. Casi cuatro millones van a gastarse en el proyectito de enoturismo. Justo lo que necesitábamos… en eso estaba yo pensando, mirusté. Pero claro, yo no soy bodeguero, sólo soy un parado pringado, ¿qué sabré de las cosas que hacen falta en Lanzarote o dejan de hacer falta?

No se vayan todavía, ¿se acuerdan de aquel listado que el mismo José Manuel Soria presentó en el Parlamento de Canarias con el dinero público que se había invertido en las islas por persona? Lanzarote, otra vez, a la cola:

  • La Gomera 2.429 €
  • El Hierro 2.200 €
  • La Palma 897 €
  • Fuerteventura 751 €
  • Tenerife 434 €
  • Lanzarote 425 €
  • Gran Canaria 406 €

Un nivel de inversión raquítico, a la altura del de las islas que por su alto volumen de población ven su media muy reducida. No hay más que darse una vuelta por Santa Cruz de Tenerife o por Las Palmas, para que cualquiera deduzca, sin gran esfuerzo, que aquello no tiene nada que ver con lo nuestro. O sea, resumiendo, que somos unos malditos miserables. Unos muertos de hambre a los que no llega el dinero público de Canarias, donde nos explotan nuestros supermercados, donde hay más paro que en ningún otro lado y donde nuestros políticos prefieren acometer medidas encaminadas a proteger y favorecer a los pudientes, antes que llevar a cabo gestiones que palien un tanto las graves carencias del conjunto de la población. ¿Que los del Gobierno de Canarias son de otro color político que los que gobiernan aquí y que por eso nos están haciendo la puñeta? Pues sí, no lo vamos a negar; pero eso no quita que desde nuestras propias administraciones las cosas se han venido haciendo peor que mal. Parasitosis tremens, eso es lo que padecemos en Lanzarote. Y en este caso no hablamos tan sólo de políticos, sino también de todos aquellos que con sus votos o sus silencios cómplices han ido convirtiéndonos en lo que somos. Una isla que si no fuera por el legado de César Manrique no tendría donde caerse muerta.

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