Isla Sin Corrupción, la red social no oficial de Lancelot-Crónicas

En los años 80, en pleno boom turístico-urbanístico, los grandes caciques de Lanzarote entendieron lo importante que era contar con medios de comunicación para influir en la opinión pública de la isla. La oposición popular a sus grandes proyectos era muy preocupante para sus intereses, así que había que hacer algo. Y lo que hicieron […]
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En los años 80, en pleno boom turístico-urbanístico, los grandes caciques de Lanzarote entendieron lo importante que era contar con medios de comunicación para influir en la opinión pública de la isla. La oposición popular a sus grandes proyectos era muy preocupante para sus intereses, así que había que hacer algo. Y lo que hicieron fue comprar televisiones locales y financiar emisoras de radio y publicaciones en papel. En aquel entonces no había más prensa que esa: televisión, radio y papel.

Periodismo en los 90

No les fue mal. Lanzarote, una vez referencia mundial en políticas de contención y conciencia ecologista de sus habitantes, poco a poco fue entrando en una espiral de pasotismo ciudadano y delincuencia institucional, hasta convertirse nuevamente en referencia mundial: pero de la corrupción. Algo en lo que los medios de comunicación de los caciques tuvieron mucho que ver. Ellos ponían y quitaban, denunciaban episodios que les interesaba para aupar a unos o a otros, sembraban la semilla de la discordia o propiciaban encuentros que les favorecían… todo ello gracias al dinero que pagaban a pseudoperiodistas, voceros y plumillas a sueldo.

La aparición de las redes sociales

Como decimos, no les iba mal. Pero entonces surgió internet. Y luego las redes sociales. De pronto parecía que las televisiones locales, las radios y la prensa de papel ya no eran suficiente. La gente se estaba empezando a informar de otra forma. Y era preciso estar ahí también.

Así surgió la idea de crear Isla Sin Corrupción. Desde luego, no se les ocurrió a ninguno de ellos. Los caciques de Lanzarote no tienen imaginación. Fue una iniciativa de los propios periodistas que ya comían de su mano. Como el diligente empleaducho que por cuatro perras se pasa el día pensando en formas de contentar a su jefe, así idearon ellos este proyecto: una página anónima de denuncias que informara y atrajera a muchos seguidores, introduciendo de vez en cuando, subrepticiamente, lo que de verdad les interesaba vender. El estilo periodístico de toda la vida en Lanzarote, trasladado a un nuevo formato y aprovechando las bondades del anonimato.

Empezaron como perfil de chismorreos y confidencias (“Lanzarote Secreta, Lanzarote Confidencial”), hasta que fueron denunciados por muchos usuarios de facebook y obligados a cerrar. Pero un tiempo después volvieron otra vez, ahora habiendo aprendido la lección y siendo un poco más metódicos.

Resultados dudosos

No es que les haya ido mal del todo, cuentan con miles de seguidores y algunas de sus denuncias llegan a difundirse con enorme éxito. Pero cuando intentan colar su “producto”, ese es otro tema. El tratamiento que hacen de asuntos como la Operación Unión les delata, y lo que suelen recibir por parte de la gente cuando se hacen eco de artículos o programas radiofónicos asociados a su línea editorial es en el mejor de los casos un excepticismo manifiesto, cuando no abiertas críticas. Mucha gente les sigue sabiendo perfectamente lo que hay, porque les gustan las denuncias que publican de vez en cuando y porque consideran que es bueno tener información variada…, pero no les compran nada.

Los tiempos han cambiado y las viejas fórmulas no funcionan igual en los nuevos formatos. La ciudadanía de Lanzarote otra vez está recuperando poco a poco la conciencia contestataria de los años 90, inspirada en cuestiones como la Operación Unión o la lucha contra las prospecciones. Los caciques de Lanzarote se enfrentan a un reto para el que Isla sin Corrupción apenas les funciona… no al menos como quisieran.