Mientras la mayoría bastante tenemos con sobrevivir, ellos diseñan la isla que les interesa.

Ser una isla pequeña que vive del turismo nos libra de los crímenes propios de mafias convencionales. Pero la estructura y organización que regula la corrupción en Lanzarote es perfectamente equiparable a la de Sicilia en muchos aspectos. Nos preguntamos si Espino es protagonista o víctima de una hipotética guerra entre clanes.
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Cuando Carlos Espino abrió la caja de Pandora, dudo que imaginara las últimas consecuencias que aquel acto tendría. No creo que sospechara que aquella primera denuncia acabara por destapar la hedionda trama corrupta que empezamos a conocer. Una trama que llega a los más recónditos rincones de la isla y se sumerge en cada partido, cada organización empresarial, cada asociación pretendidamente filántropa, cada institución, cada administración… tocándolo y apestándolo todo. No lo creo.

Y como no lo creo, y no tengo ninguna confianza en muchos de los miembros (algunos importantes) de su partido, no me resulta nada descabellado suponer que tras la querella presentada por los amigos de los corruptos en el poder haya hechos ciertos, al menos algunos.

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Una cosa deseo dejar clara, antes de continuar. Y es que por mi parte no tengo ninguna duda de que si Carlos Espino hubiera aceptado el soborno de Fernando Becerra, esta querella no habría existido jamás. Investigando distintos asuntos, me he topado últimamente con conexiones que me reafirman en la idea de que tras el pacto PP, CC, PNL y PIL, en el Cabildo confluyen los intereses de muchos de los que han sido imputados en las Operaciones Unión y Jable… a lo mejor incluso sin el conocimiento de algún títere útil, como podría ser el mismísimo Pedro San Ginés, convencidísimo él de que los malos sólo están en el bando socialista.

Los que están tras el pacto

No creo que la contratación por parte de Astrid de un personaje como Severino, que ha estado siempre a la sombra de los intereses hoteleros, sea un hecho casual. Tampoco creo que sea casual ese desapego de Pedro respecto al problema de los hoteles ilegales. Y, definitivamente, no creo que sea casual ese apretamiento de tuercas al Ayuntamiento de Haría, comandado por un hombre que desde el primer momento quiso que Coalición Canaria trazara una línea entre los corruptos y los no corruptos. No son pruebas que puedan esgrimirse en un Tribunal, pero para mí al menos son suficiente indicio de que los tiros van exactamente por donde muchos nos temíamos cuando el indecente pacto tuvo lugar. Ellos gobiernan, pero son otros los que dictan la estrategia a seguir.

Y esa estrategia tiene, como prioridad absoluta, quitar a Carlos Espino de en medio. Lo tengo claro. Y hay que quitarlo de en medio no porque sea un mal gestor o un corrupto (que tal vez sea ambas cosas, aunque de momento sólo la primera está bastante probada), sino porque es un rival peligroso al que hay que hacer desaparecer.

Teoría de las dos familias

Personalmente, el escenario que vislumbro hoy por hoy en Lanzarote es más o menos el siguiente. Digamos que tenemos un par de familias en constante y eterna guerra civil: Los Felapymessi y los Asolanos.

No es tan simple, hay muchas más pequeñas familias implicadas, asociadas a unos u otros según la coyuntura, pero sirvan estos dos nombres a modo de ilustrativo ejemplo. Los Felapymessi y los Asolanos han convivido más o menos en armonía durante varias décadas. Se repartían el botín, ponían a unos u otros al mando según fuera menester, jugaban con los votos para que sus hombres de paja pactaran o dejaran de pactar, presentaran mociones, aprobaran proyectos, ejecutaran obras, etc… el equilibrio era frágil dentro del imperecedero conflicto o competencia, pero había un equilibrio. Ambas familias tenían hombres fuertes en cada partido político y en cada institución, así que no hablamos de un fenómeno adscrito a determinadas siglas, aun siendo evidente que el PIL era uno de los bastiones importantes, como lo era INALSA o los CACT a otro nivel. Dicho equilibrio precario, digámoslo todo, también estaba auspiciado por un poder judicial que miraba para otro lado cuando era menester.

Sin embargo, todo eso saltó por los aires cuando los Pamparacuatro, Stampa, Ródenas y compañía irrumpieron en la escena insular a lo bestia. Los clanes descabezados, las familias descompuestas. Pero inmediatamente se sucedieron las reuniones y se diseñaron nuevos posibles equilibrios, todos los cuales pasaban por que las cosas volvieran a ser como habían sido siempre: Población aborregada, ellos controlando.

Quitar a Carlos Espino de en medio

Por de pronto, necesitaban un chivo expiatorio. A Carlos Espino se le había ido la mano. En esa suerte de guerra de guerrillas que llevan años librando unos y otros (familias contra familias, no partidos contra partidos) hay una serie de pactos no escritos entre caballeros… y Carlos Espino se los pasó por el forro, atrayendo la atención a la isla de la UCO y de la fiscalía anticorrupción. Eso no se hace, los trapos sucios se lavan en casa, siempre en casa. No sé si Carlos se saltó ese pacto siguiendo órdenes, por desconocimiento, porque ignoraba incluso que las tales familias siciliano-empresariales existieran (aunque se sirvan de gente como él todos los días), o por algún otro motivo. Pero el caso es que lo hizo, y ahora van a por él.

Lo intentaron con Peña, pero les salió rana, así que ahora la única vía que les queda es la judicial. También podrían hacer como en Sicilia, usar los maleteros, tiros en la nuca y demás… pero se da el caso de que ellos viven del turismo, y el turismo es un negocio al que le hace mucho daño la mala propaganda. Por no hablar de lo poco interesante que para ellos sería una investigación a fondo en torno a un crímen relacionado con la corrupción.

Así que en esas estamos. Ante este panorama me veo absolutamente incapaz de decir qué es Carlos Espino. Un títere útil que un buen día quiso dejar de serlo. Un cabecilla o figura importante de una de las familias que quiso dar el golpe de gracia a la otra. Tal vez un político honrado que se ha limitado a denunciar la corrupción que se le ha pasado por delante y sobre el que ahora recaen falsas acusaciones, o quizá un político como todos los demás, que se limitaba a hacer favores a los suyos cuando podía y que un buen día tuvo la mala suerte de sufrir un arrebato de escrúpulo moral que acabó por ponerlo en el ojo del huracán.

No lo sé, pero algo me dice que no pasará demasiado tiempo antes de que las incógnitas sean en su mayor parte despejadas.