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No considero que lo de ayer fuera un rotundo fracaso, como he leído por ahí. Entre otras cosas porque mis expectativas no eran altas. Sabía que ni el día, ni la hora, ni el lugar eran los adecuados. Sabía que una semana es muy poco tiempo para organizar una manifestación o concentración en condiciones. Y sabía que facebook, aunque es un fenómeno que está creciendo, es todavía un mundo marginal dentro de Lanzarote.

A veces quienes nos movemos por las redes sociales de internet y por los diarios digitales nos sentimos tentados a creer que toda Lanzarote está ahí, cuando la realidad es que todavía un 70 u 80 por ciento de lanzaroteños apenas se roza por internet como no sea para mirar alguna que otra cosa puntual.

Por eso pienso que haber reunido a 300 o 400 personas casi exclusivamente por esa vía no está tan mal.

No obstante, conviene hacer una serie de lecturas para que la experiencia sirva de algo. Por supuesto, lo que a continuación voy a decir es mi valoración personal. Cada cual hará la suya, que coincidirá en mayor o menor medida con la mía.

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Quitarnos el mal sabor de boca

Alguien con bastante experiencia en esto de los movimientos ciudadanos me dijo ayer que haber convocado aquello de esa manera fue un grave error. Y le entendí al momento. Porque la sensación de fracaso inevitable que surgiría después entre los pocos que fueron (precisamente aquellos con una conciencia social mayor) contribuiría a deprimirnos un poco más y a convencernos de que los lanzaroteños tienen justamente lo que se merecen. En este sentido yo lo único que puedo decir es que me sentí obligado a apoyar en todo momento la convocatoria en cuanto tuve conocimiento de la misma. De nada hubiera servido decir a los convocantes todo esto, porque no iban a cambiar el día, el lugar, y la hora por más que yo les dijera… y se quedarían con la sensación de que quería asumir alguna clase de liderazgo o cambiar las cosas para adaptarlas a mi gusto.

Lo cierto es que una concentración contra la corrupción en Lanzarote debería en estos momentos arrastrar a miles de personas a la calle… si se hace bien. Y hacerlo bien significa volcarse. Que una serie de personas se erijan en organizadores y sin complejos se pateen las calles y recorran los medios de comunicación. Por eso creo que deberíamos quitarnos cuanto antes el mal sabor de boca con una segunda concentración o manifestación en condiciones.

Pero hay algunas cuestiones sobre las que me gustaría seguir reflexionando.

Milagros Betancourt

A falta de organizadores que dieran la cara, Milagros Betancourt copó un protagonismo desde mi punto de vista excesivo, por muy bienintencionadas que fueran sus aportaciones, que sin duda lo eran. Ayer pude leer una nota en facebook de una chica que creo sigue esta web con frecuencia, y la verdad es que me quedé de piedra. Acusaba a Milagros de ser poco menos que una extremista de derechas, de utilizar «consignas excluyentes» y de limitar la libertad de expresión en los distintos foros en los que se discutía sobre la manifestación.

Poniéndome en el pellejo de Mili (la considero mi amiga y me permito llamarla así… espero que lo siga siendo después de este artículo), creo que sus intervenciones se vieron excesivamente condicionadas por esos comentarios que desde el principio apuntaban a que la manifestación estaba organizada por gente del PSOE. Eso la obligó a dar explicaciones, desde mi punto de vista innecesarias, acerca de su ideología particular y de lo que piensa sobre Zapatero o Rajoy, siendo bastante contundente en sus expresiones. Y digo que eran explicaciones innecesarias porque yo no pienso que haya que caer en esa trampa de pretender ser «neutral» para convocar una manifestación o lo que sea.

Incluir o excluir

No se trataba, según lo veo yo, de excluir a quienes pensaran en rojo o en azul… sino de integrar a todos ellos en una causa común: La lucha contra la corrupción en Lanzarote. Cada cual tendrá su idea de cuales son las causas de que esa corrupción exista; cada uno incidirá en unos culpables o en otros; cada hijo de vecino tendrá su teoría particular y cargará las tintas sobre las clases pudientes o sobre los trabajadores que no dan un palo al agua. Y yo no creo que sea cuestión de hacer callar a toda esta gente, sino de dejarles exponer sus teorías y expresarse donde gusten, sin que tal derecho signifique que la manifestación en general deba asumir sus consignas particulares.

Desde el principio mostré mi rechazo a que no se permitiera acudir a los partidos políticos. Eso, además de ser inconstitucional, es imposible. Cada cual es libre de acudir a donde le guste y como le guste. Yo creo que lo bonito habría sido ver a los representantes de todos los partidos allí, por más hipócrita e intolerable que les resulte a algunos. Si la manifestación del 27 de Septiembre resultó un éxito de participación fue, entre otras cosas, por eso, porque todos los partidos asumieron la causa, aunque luego hicieron lo que les salió de ahí.

No se trata de excluir a nadie. Ni a ninguna persona, ni a ningún partido, ni a ninguna asociación sindical, ni a ninguna idea. Se trata de extirpar la corrupción de nuestras instituciones y de nuestra vida colectiva, pues ahora mismo la tenemos arraigada hasta el tuétano. Y para eso necesitamos un acto que nos siva de catarsis colectiva, que durante unos minutos nos haga a todos reflexionar sobre lo que somos y lo que queremos ser.

Imaginando

Me imagino a miles de personas en un mismo sitio. Me imagino a todos los partidos, sí, también al PIL, con sus representantes, sus militantes e incluso con sus banderas. Me imagino una pantalla gigante en la que se vean todos los titulares en periódicos nacionales y regionales hablando de nuestra isla. Me imagino una música suave y melancólica. Me imagino a los corruptos y a los corruptores allí mismo, enfrentados a sus propias miserias, a su propia conciencia, a sus propios conciudadanos… esos que tampoco, aunque nos la demos de puros, tenemos ningún derecho a culparles, porque somos también partícipes de la reciente historia insular, con nuestros votos, nuestras abstenciones, nuestro dejarnos enchufar, nuestro miedo a denunciar, nuestra aceptación de favores y nuestro mirar para otro lado.

Si hiciéramos una manifestación a la que no pudieran ir los responsables de lo que ha pasado… no podríamos ir ninguno de nosotros. Nadie.

Por eso, lo que yo creo que tenemos que hacer es justamente lo contrario, ir todos, independientemente de nuestro grado de responsabilidad. Ir todos y demostrar con nuestra presencia que estamos dispuestos a cambiar, a aceptar la lección que nos está dando la justicia y a dejar atrás nuestro pasado en aras de un futuro mejor para nosotros y nuestros descendientes.

Invitación

Para concluir, quisiera hacer de mi crítica una invitación y animar a Lanzarote Corrupta, Lanzarote al Descubierto, Otra Lanzarote es posible, Milagros Betancourt, Esther… y a todos los que se implicaron en la organización de un modo u otro a intentarlo otra vez. Pero ahora contando con todo el mundo. Enviando notas de prensa a los partidos y organizaciones sindicales, no para que se abstengan de acudir, sino para todo lo contrario. Necesitamos a todo el mundo, nadie sobra en este proceso de regenaración necesario. Hagámoslo otra vez. Con más tiempo, mejor organización, más calma y más debate, sin excluir a nadie y sin dejarnos engatusar por quienes han hecho del excepticismo y el cinismo su modus vivendi.

No seamos neutrales como el gris monocromo. Seamos de colores como el arcoiris, integrando la diversidad en torno a un objetivo común: Lanzarote.

Espacio para la información libre y comprometida en torno a Lanzarote y lo que nos rodea y afecta. Sin la certeza de poseer la verdad, siempre abiertos a otros puntos de vista. Envíanos tus escritos a lanzarotelandia@gmail.com

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